Las enfermedades cardíacas son la principal causa de muerte en mujeres a nivel mundial, superando a todos los tipos de cáncer combinados. A pesar de esta estadística, una gran parte de la población femenina no es consciente de los riesgos específicos que enfrenta, los cuales difieren significativamente de los que afectan a los hombres.
La falta de investigación histórica y la tendencia a minimizar los síntomas han creado un panorama en el que muchas mujeres reciben diagnósticos tardíos o incorrectos. Comprender las señales, los factores de riesgo únicos y las particularidades del corazón femenino es fundamental para la prevención y el tratamiento adecuado.
Puntos Clave
- Las mujeres tienen factores de riesgo cardíaco adicionales, como complicaciones en el embarazo y menopausia prematura.
- Los síntomas de un infarto en mujeres pueden ser atípicos y no siempre incluyen el clásico dolor de pecho.
- Las causas de los problemas cardíacos en mujeres a menudo difieren de las de los hombres, requiriendo pruebas diagnósticas específicas.
- La menopausia marca una transición crítica donde el riesgo cardiovascular aumenta debido a la disminución de estrógenos.
Factores de riesgo más allá de lo tradicional
Si bien la hipertensión, el colesterol alto y el tabaquismo son peligros conocidos para todos, las mujeres deben considerar una lista de factores adicionales. Ciertas condiciones y etapas de la vida influyen directamente en la salud de su corazón.
Las complicaciones durante el embarazo, como la preeclampsia o la diabetes gestacional, actúan como una advertencia temprana. Las mujeres que experimentan estas condiciones tienen una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades cardíacas en el futuro. Anais Hausvater, codirectora del Programa de Cardio-Obstetricia de NYU Langone Health, señala que a menudo ni las pacientes ni los médicos conectan un embarazo de hace décadas con un problema cardíaco actual.
Condiciones asociadas a un mayor riesgo
Otras condiciones que aumentan la vulnerabilidad cardiovascular en mujeres incluyen el síndrome de ovario poliquístico (SOP) y enfermedades autoinmunes como el lupus y la artritis reumatoide, que son mucho más prevalentes en el sexo femenino.
La menopausia también juega un papel crucial. Aquellas mujeres que la atraviesan antes de los 45 años presentan un riesgo particularmente elevado que requiere un seguimiento médico más estricto.
La menopausia: un punto de inflexión para el corazón
La protección natural que los estrógenos ofrecen al sistema cardiovascular disminuye drásticamente durante la menopausia. Esta hormona ayuda a mantener la flexibilidad de los vasos sanguíneos y a controlar los niveles de colesterol. Su descenso provoca cambios fisiológicos que sorprenden a muchas mujeres.
"Ellas dicen: ‘Mi colesterol no estaba tan mal a los 30 años. ¿Por qué de pronto está tan mal? Sigo haciendo ejercicio. Sigo comiendo lo mismo’", explica Tala Al-Talib, directora médica de la clínica cardiovascular Green Spring Station de Johns Hopkins. Este cambio hormonal tiende a elevar la presión arterial y el colesterol LDL (el "malo"), mientras que las arterias pierden elasticidad.
Impacto Acumulativo
Es importante recordar que el riesgo cardiovascular es acumulativo. Las decisiones de estilo de vida y el control de factores como la presión arterial en los 20 y 30 años tienen un impacto directo en la salud del corazón décadas más tarde, especialmente después de la menopausia.
Un seguimiento médico regular durante esta transición permite ajustar el estilo de vida o iniciar tratamientos farmacológicos para mitigar estos nuevos riesgos.
Síntomas de infarto que pueden confundir
Uno de los mayores peligros para la salud cardíaca de las mujeres es la presentación atípica de los síntomas de un infarto. La imagen popular de un dolor aplastante en el pecho, si bien sigue siendo el síntoma más común, no es la única manifestación.
Natalie Bello, directora de salud cardiovascular en el Instituto de Salud e Investigación Atria, afirma que muchas mujeres describen la sensación más como una presión o pesadez en lugar de un dolor agudo. Además, son más propensas a experimentar un conjunto de síntomas adicionales.
- Dificultad para respirar
- Náuseas o vómitos
- Dolor en la mandíbula o la parte superior de la espalda
- Sudor frío
- Mareos o aturdimiento
- Fatiga inusual y abrumadora
Erica Spatz, directora del Programa de Salud Cardiovascular Preventiva de Yale, añade que las mujeres a menudo tienden a minimizar sus síntomas o atribuirlos a otras causas, como el estrés o la ansiedad. Esta tendencia, combinada con experiencias previas de ser desestimadas por el personal médico, puede retrasar la búsqueda de atención urgente.
Causas y diagnósticos que requieren otra mirada
Los infartos en los hombres suelen ser causados por la obstrucción de una arteria principal debido a la acumulación de placa. Si bien esto también ocurre en las mujeres, ellas experimentan con mayor frecuencia infartos por otras causas que pueden ser más difíciles de detectar con pruebas estándar.
La enfermedad microvascular coronaria, que afecta a los pequeños vasos sanguíneos del corazón, es más común en mujeres. Lo mismo ocurre con los espasmos arteriales coronarios, donde una arteria se contrae temporalmente, bloqueando el flujo sanguíneo.
"Un angiograma ordinario, que busca obstrucciones en las arterias grandes, puede no mostrar espasmos arteriales ni una obstrucción de un vaso menor, llevando a un diagnóstico erróneo de que 'todo está bien'", advierte Nupoor Narula, directora del Programa del Corazón de la Mujer de Weill Cornell Medicine.
Otras condiciones desproporcionadamente femeninas son la disección espontánea de las arterias coronarias (SCAD), un desgarro en la pared de una arteria común en mujeres jóvenes y posparto, y la miocardiopatía de takotsubo o "síndrome del corazón roto", una insuficiencia cardíaca temporal provocada por un estrés emocional o físico extremo.
Si una mujer acude a urgencias con síntomas de infarto y las pruebas iniciales son normales, es crucial que consulte a un cardiólogo para realizar evaluaciones más específicas, como una resonancia magnética cardíaca o pruebas de función coronaria.
Superando las brechas en investigación y tratamiento
La medicina moderna arrastra un sesgo de género histórico. Durante décadas, las mujeres fueron excluidas de los ensayos clínicos, lo que significa que gran parte de lo que sabemos sobre enfermedades cardíacas se basa en estudios realizados predominantemente en hombres.
Esta falta de datos ha generado importantes lagunas en el conocimiento. Los efectos de las hormonas en la salud cardiovascular no se comprenden del todo, y las guías de tratamiento actuales no siempre están optimizadas para la fisiología femenina. Incluso los dispositivos médicos, como los stents, a menudo están diseñados para el tamaño de las arterias masculinas, lo que puede aumentar el riesgo de complicaciones en mujeres.
Este sesgo también se refleja en la actitud de algunos profesionales de la salud, que a veces dudan en recetar medicamentos para la hipertensión o el colesterol a mujeres en edad reproductiva por temor a posibles efectos durante el embarazo. Sin embargo, con una planificación adecuada, es posible gestionar estos tratamientos de forma segura.
La concienciación es el primer paso. Las mujeres deben ser proactivas, conocer sus factores de riesgo personales, prestar atención a las señales de su cuerpo y no dudar en buscar una segunda opinión si sienten que sus preocupaciones no están siendo escuchadas.




