La contaminación del aire, a menudo invisible, no solo afecta nuestros pulmones, sino que también se infiltra directamente en nuestro torrente sanguíneo, circulando por todo el cuerpo y causando daños significativos a órganos vitales. Una reciente investigación ha revelado cómo estas partículas microscópicas se adhieren a los glóbulos rojos, llevando la polución a cada rincón de nuestro organismo.
Puntos Clave
- Partículas de contaminación PM 2.5 ingresan al torrente sanguíneo, adhiriéndose a glóbulos rojos.
- Se estima que 80 millones de glóbulos rojos pueden transportar contaminación en un adulto.
- La contaminación se ha vinculado a inflamación, ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y cáncer.
- Afecta el desarrollo fetal y acelera procesos de demencia.
- Medidas como caminar por calles secundarias o usar mascarillas FFP2 pueden reducir la exposición.
La Infiltración Silenciosa: Cómo la Contaminación Entra en Nuestro Cuerpo
Imagínese observar su propia sangre bajo un microscopio y ver pequeñas manchas negras adheridas a sus glóbulos rojos. Esta fue la experiencia de un voluntario en un experimento reciente en Londres, donde se demostró visualmente cómo las partículas de contaminación del aire penetran en el torrente sanguíneo en cuestión de minutos. El experimento, realizado por la Universidad Queen Mary de Londres, buscaba comprender el impacto directo de la exposición al aire contaminado.
El profesor Jonathan Grigg, de la Universidad Queen Mary de Londres, explica que la creencia común es que la contaminación se filtra en los pulmones y luego es expulsada. Sin embargo, su equipo investiga si las partículas más diminutas no solo permanecen en los pulmones, sino que también atraviesan las barreras pulmonares para llegar a la sangre y viajar por todo el cuerpo. Este hallazgo es crucial para entender la amplia gama de problemas de salud asociados a la mala calidad del aire.
Dato Impactante
Se estima que la contaminación del aire provoca siete millones de muertes al año a nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el Reino Unido, esta cifra asciende a aproximadamente 30.000 fallecimientos anuales.
El Viaje de las Partículas: Del Aire a los Glóbulos Rojos
Las partículas observadas en la sangre son fragmentos de carbono y otras sustancias químicas, conocidas como PM 2.5, debido a su diámetro inferior a 2.5 micrómetros. Estas provienen principalmente de la combustión incompleta de combustibles, especialmente del tráfico vehicular. Tras solo 10 minutos de exposición a tráfico intenso, se encontraron estas partículas diminutas en la sangre del voluntario.
La investigadora Norrice Liu, parte del equipo de estudio, ha analizado numerosas muestras de voluntarios. En promedio, uno de cada dos o tres mil glóbulos rojos contenía un fragmento de contaminación. Aunque parezca una cantidad pequeña, si se extrapola a los cinco litros de sangre que tiene un adulto, los investigadores calculan que hasta 80 millones de glóbulos rojos podrían estar transportando estas partículas por el cuerpo.
"Es un poco perturbador ver eso, ¿verdad? Cada vez que paso por una calle concurrida, pienso en la cantidad de esto que circula por mi cuerpo... simplemente siento que no quiero estar mucho tiempo en la calle." — Norrice Liu, investigadora
Contexto Histórico
A diferencia de la niebla tóxica visible de antaño, la contaminación del aire moderna es en gran medida invisible. Esta característica hace que la mayoría de las personas no sean conscientes de que la están respirando, subestimando sus efectos perjudiciales diarios.
Impacto en la Salud: Un Asalto Silencioso a Todo el Organismo
El equipo de la Universidad Queen Mary ha demostrado que los niveles de contaminación atmosférica en la sangre disminuyen después de unas dos horas de respirar aire limpio. Sin embargo, la pregunta clave es qué sucede con esas partículas una vez que ingresan. No se exhalan; es posible que parte sea filtrada por los riñones y expulsada por la orina. La hipótesis más probable es que las partículas se desplacen por el revestimiento de los vasos sanguíneos y se alojen en diversos órganos.
Esta investigación comienza a explicar por qué la contaminación atmosférica se ha relacionado con una multitud de problemas de salud que van mucho más allá de los pulmones. Se han encontrado depósitos de carbono negro en la placenta de bebés, lo que sugiere un impacto directo en el desarrollo fetal. "No hay razón para que se prefiera un órgano en lugar de otro, así que lo más probable es que estén en todas partes", afirma Liu.
Inflamación y Enfermedades Crónicas
La principal vía por la que el aire contaminado daña otros órganos es a través de la inflamación. Esta respuesta natural del cuerpo a lesiones e infecciones, cuando es crónica, puede afectar los vasos sanguíneos, aumentando el riesgo de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. La inflamación pulmonar también puede activar células cancerosas latentes, transformándolas en tumores mortales. Se estima que uno de cada diez cánceres de pulmón en el Reino Unido es causado por la contaminación atmosférica.
Durante el embarazo, la exposición a la contaminación del aire puede alterar el funcionamiento del ADN del bebé en etapas críticas de su desarrollo, llevando a problemas como pulmones y corazón pequeños, y dificultades en el desarrollo cerebral. En etapas posteriores de la vida, se cree que los componentes de la contaminación atmosférica "aceleran el proceso" de la demencia, favoreciendo la formación de placas de proteínas tóxicas en el cerebro.
- Corazón y vasos sanguíneos: Mayor riesgo de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.
- Pulmones: Activación de células cancerosas, inflamación crónica.
- Cerebro: Aceleración de la demencia, formación de placas tóxicas.
- Desarrollo fetal: Alteración del ADN, problemas en el desarrollo de órganos.
Estrategias de Mitigación: Protegerse del Enemigo Invisible
Aunque el problema de la contaminación atmosférica es complejo y a menudo causado por las acciones de otros, existen medidas que las personas pueden tomar para minimizar su exposición. Expertos recomiendan caminar por calles secundarias más tranquilas o mantenerse alejado del borde de la carretera para aumentar la distancia del tráfico. Esto es especialmente importante para los bebés en cochecitos, quienes están mucho más cerca de la altura de los tubos de escape.
El estudio del profesor Grigg también mostró que una mascarilla FFP2 bien ajustada podía reducir la contaminación atmosférica en la sangre. Sin embargo, Grigg aclara que "no estamos diciendo que todos deban usar mascarilla". No obstante, personas clínicamente vulnerables, como quienes se recuperan de un infarto o padecen enfermedades respiratorias crónicas, podrían beneficiarse de su uso en zonas con alta contaminación.
Los cambios en la industria automotriz, como el aumento de las ventas de vehículos eléctricos y las estrictas normas de emisiones para los motores diésel y de gasolina, están contribuyendo a mejorar la calidad del aire. "Cuanto más comprendamos los mecanismos que pueden causar estos efectos, más podremos presionar a los responsables políticos para que reduzcan la exposición, porque al final esa es la solución", concluye Grigg.




