En las vastas y áridas tierras fronterizas entre Kenia y Uganda, una enfermedad parasitaria poco conocida, la leishmaniasis visceral, conocida localmente como Kala-azar, causa estragos. Esta afección, que de no tratarse es casi siempre mortal, afecta desproporcionadamente a las comunidades más empobrecidas y a los niños. Los esfuerzos de organizaciones como la Iniciativa de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi) y trabajadores comunitarios como Andrew Ochieng son cruciales para su detección y tratamiento.
Puntos Clave
- La leishmaniasis visceral es una enfermedad parasitaria con una tasa de mortalidad del 95% si no se trata.
- Afecta principalmente a niños y comunidades empobrecidas, con un 73% de los casos en África Oriental.
- Los tratamientos actuales son dolorosos y tóxicos, lo que impulsa la búsqueda de alternativas menos invasivas.
- Factores socioeconómicos y ambientales como la desnutrición, la falta de saneamiento y el cambio climático influyen en su propagación.
- Un ensayo clínico reciente mostró una combinación de miltefosina y paromomicina como una opción de tratamiento más beneficiosa para los pacientes.
Una enfermedad olvidada que mata
La leishmaniasis visceral es una enfermedad que pocas personas fuera de las comunidades afectadas conocen. Sin embargo, es la segunda enfermedad parasitaria más letal después de la malaria. Se estima que entre 50.000 y 90.000 nuevos casos surgen cada año en el mundo, pero solo entre el 25% y el 45% de estos se notifican. La falta de conocimiento y recursos agrava la situación en regiones vulnerables.
Andrew Ochieng, un movilizador comunitario de la DNDi, conoce de primera mano el impacto de esta enfermedad. Él mismo la padeció de niño, sufriendo fiebre durante semanas y tratamientos tradicionales dolorosos antes de recibir atención médica. Sus cicatrices son un recordatorio constante de su experiencia. Ahora, Ochieng dedica su vida a evitar que otros pasen por lo mismo.
Dato Curioso
La leishmaniasis visceral se transmite por la picadura de pequeños insectos llamados flebótomos o moscas de la arena. El nombre "visceral" se refiere a su impacto en órganos internos como el hígado y el bazo.
Diagnóstico y tratamiento en el terreno
Ochieng recorre aldeas remotas, como Akorikeya en el noreste de Uganda, llevando consigo kits de pruebas médicas. Su trabajo implica evaluar a los aldeanos, especialmente a los niños, en busca de síntomas como la inflamación del bazo, fiebre intermitente o sangrado nasal. Aquellos con síntomas se someten a una prueba rápida RK39, que ofrece un resultado en solo 10 minutos a partir de una gota de sangre.
Además, Ochieng también realiza pruebas de VIH. Las personas inmunodeprimidas son 100 veces más susceptibles a desarrollar leishmaniasis visceral. La temporada de lluvias escasas, de septiembre a febrero, es particularmente crítica, ya que favorece la reproducción de los flebótomos, lo que aumenta el número de casos.
Contexto Socioeconómico
La leishmaniasis visceral afecta principalmente a los "más pobres entre los pobres", según Joy Malongo, gerente de acceso de DNDi. La desnutrición crónica, la falta de saneamiento adecuado y el desplazamiento de poblaciones son factores clave que contribuyen a su propagación.
Desafíos en el seguimiento y la atención
El estilo de vida nómada de comunidades como el grupo étnico Pokot, que se desplaza entre Kenia y Uganda en busca de pastos y agua para sus animales, complica el seguimiento de los pacientes. Ochieng a menudo debe emprender un "trabajo detectivesco" para localizar a quienes se han mudado después de un diagnóstico inicial.
Una vez identificados, los pacientes suelen ser trasladados en la motocicleta de Ochieng al Hospital Amudat, en el norte de Uganda. Allí, enfermeras como Priscilla Chebjira administran tratamientos diarios. Los regímenes actuales son intensos: los pacientes reciben inyecciones dos veces al día durante al menos 17 días, lo que suma un total de 34 inyecciones.
"De septiembre a febrero, se observan más casos de leishmaniasis visceral", explica Ochieng. "Las escasas lluvias durante este período favorecen la anidación y eclosión de flebótomos."
La búsqueda de tratamientos menos tóxicos
Los tratamientos actuales, que combinan estibogluconato de sodio (SSG) y paromomicina (PM), son dolorosos y pueden tener efectos secundarios graves en el corazón, el hígado y el páncreas. Esta situación resalta la urgencia de encontrar alternativas más seguras y fáciles de administrar, especialmente para los niños, que representan la mitad de los casos de 2022.
Históricamente, los niños han sido excluidos de los ensayos clínicos para enfermedades desatendidas. Un estudio de 2019 reveló que solo el 17% de 360 ensayos clínicos incluyeron a menores de 18 años. Sin embargo, la DNDi lanzó en 2018 un ensayo clínico prometedor para evaluar una nueva combinación de miltefosina (MF) y paromomicina (PM).
Un nuevo enfoque en el tratamiento
El ensayo, que duró aproximadamente dos años, incluyó a 408 pacientes en Kenia, Uganda, Sudán y Etiopía, con una edad media de 11 años. Los resultados mostraron una alta eficacia (superior al 91%) para ambas combinaciones de tratamientos (SSG+PM y MF+PM). No obstante, la opción de MF+PM resultó ser más beneficiosa para el paciente. Requiere una inyección menos al día, un tratamiento tres días más corto y presenta menos riesgos asociados con el SSG, como el daño cardíaco.
A pesar de estos avances, la reinfección sigue siendo una preocupación. Joy Malongo de DNDi subraya que, si los pacientes regresan a las mismas condiciones de vida sin mejoras en su nutrición o saneamiento, la reinfección es casi inevitable. Esto resalta la necesidad de un enfoque integral que aborde no solo el tratamiento, sino también los factores socioeconómicos subyacentes.
Impacto en la Infancia
Según la Organización Mundial de la Salud, la mitad de los casos de leishmaniasis visceral notificados en 2022 afectaron a niños menores de 15 años.
Esperanza y desafíos futuros
El Dr. Patrick Sagaki, superintendente médico del Hospital Amudat, ha tratado a pacientes con leishmaniasis visceral desde 2007. Él reconoce que muchos casos nunca reciben el tratamiento adecuado debido a la lejanía de las regiones afectadas y los altos costos de las búsquedas activas. "Si no fuera por la DNDi, probablemente no podríamos llegar a la mayoría de estos pokot", afirma.
A pesar de los obstáculos, Sagaki cree que la eliminación de la leishmaniasis visceral es alcanzable con las intervenciones adecuadas. Cita el ejemplo de Bangladesh, donde la identificación rápida de casos y el fácil acceso al tratamiento han demostrado ser efectivos. Sin embargo, también enfrenta creencias culturales, como la idea de que el dolor en el tratamiento equivale a una mayor efectividad, lo que puede dificultar la aceptación de nuevas terapias menos invasivas.
Chemket Selina, una madre de cuatro hijos, es un ejemplo de supervivencia gracias a la intervención de Ochieng. Ella recuerda las dolorosas inyecciones que recibió de niña, pero hoy sus hijos, afortunadamente, están libres de la enfermedad. La suya es una historia de resiliencia en una comunidad donde la pobreza y la falta de acceso a recursos básicos, como una alimentación adecuada, siguen siendo desafíos diarios. La familia de Selina, como muchas otras, come solo una vez al día.
- Vulnerabilidad: Las personas que duermen al aire libre o en viviendas sin suelo de cemento son más propensas a las picaduras de flebótomos.
- Factores ambientales: La deforestación, los sistemas de riego y el cambio climático aumentan la humedad y la temperatura, creando entornos ideales para los flebótomos.
La lucha contra la leishmaniasis visceral es un testimonio de la dedicación de quienes, como Andrew Ochieng, trabajan incansablemente en primera línea, llevando esperanza y tratamiento a las comunidades más olvidadas.




